sábado, febrero 05, 2011

Dios en Comala

En Comala, la Palabra de Dios sólo importa y es trascendente cuando se amolda al capricho personal o a los límites de la vida diaria (¿Qué  saben los querubines, los ángeles y los arcángeles de las ilusiones y convicciones de un pueblo que se ha abandonado a los caprichos y el poder de Pedro Páramo?). Por ello, Ésta se adapta al mundo, no al revés. El evangelio de San Juan (1,1-5) no tiene correspondencia en esta religiosidad:
“En el principio existía la Palabra/la Palabra estaba unto a Dios/y la Palabra era Dios./Ella estaba en el principio junto a Dios./todo se hizo por ella,/y sin ella nada se hizo,/lo que se hizo en ella era la vida,/y la vida era la luz de los hombres;/y la luz brilla en las tinieblas,/y las tinieblas no la vencieron.”
La Palabra (Dios) ya no es fundamento ontológico sino que es ulterior al principio. En este horizonte no es concebible la afirmación del Génesis “Dijo Dios, 'haya luz' y hubo luz” (Gn. 1,3) sino que Ésta corresponde a lo que ocurre de hecho y, si no corresponde, se anula para dar paso a una nueva palabra que explique —no fundamente—:
Dolores Preciado le murmura a Miguel Preciado:
“Allá hallarás mi querencia. El lugar que yo quise. Donde los sueños me enflaquecieron, Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. Sentirás que allí uno quisiera vivir para la eternidad. El amanecer; la mañana; el mediodía  y la noche, siempre los mismos; pero con la diferencia del aire. Allí, donde el aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo; como si fuera un puro murmullo de la vida…”[1]
Bartolomé San Juan, le habla a Susana San Juan a propósito de Comala:
“Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Este es uno de esos pueblos, Susana […] Aquí […] no sentirás sino ese olor amarillo y acedo que parece destilar por todas partes. Y es que éste es un pueblo desdichado; untado de desdicha”[2]
Siguiendo con lo anterior, en tanto que La Palabra ha perdido su capacidad de iluminar, está se convierte en deudora, lo cual, resulta lo mismo que decir que Dios —que en Comala existe sólo como referente— anula la promesa de salvación y castiga la esperanza.


[1] Pedro Páramo. p. 62.
[2] Ibíd. P. 88.